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domingo, 8 de diciembre de 2013

Una situación incómoda ...




Hace unos años atrás, a fines de diciembre, era tiempo en que cursaba cuarto medio, por lo tanto teníamos encima todos los preparativos de nuestra licenciatura, todos de un lado a otro, corriendo para allá y para acá…….

Hasta que llegó el gran día, todos mis compañeros lucían diferentes, muy formales y se veían muy bien, incluyéndome.

Terminada la entrega de diplomas y condecoraciones, nos dirigimos hacia un pequeño “cóctel”  organizado por nuestros padres y profesora jefe. Estábamos todos compartiendo con nuestra familia y amigos cuando de repente mi profesora dijo: “Ahora cada alumno tendrá que decir unas palabras de agradecimiento y algo que le haya dejado de enseñanza estos cuatro años junto a sus compañeros”.

Comenzaron a salir mis compañeros, quienes agradecían a sus padres por el apoyo brindado en esos cuatro años de estudio; otros que agradecieron a amigos y novias. Hasta que llegó mi turno, no sabía cómo empezar así que hice lo que todos hacían: Agradecer a los padres. En ese momento tuve la brillante idea de darle las gracias a una amiga y felicitarla porque “veía” que su madre estaba embarazada.

Yo seguía hablando y el hermano menor de mi amiga dijo en voz alta “Mi mamá no está embarazada”. En ese instante no supe que hacer, me puse colorado de vergüenza y mis manos comenzaron a temblar… En ese momento lo primero que se me ocurrió decir fue “Gracias por su atención” y me fui rápido de ahí hacia afuera.



Luego de unos minutos apareció mi amiga junto con su madre y conversamos sobre el mal entendido y obviamente me disculpé. Al cabo de un rato, después de conversar bien las cosas, solo pasó a ser un momento gracioso nada más.

A pesar de todo, ese día aprendí una gran lección: “No hay que juzgar a las personas por sus apariencias”.

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